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Make sport your mission series

Nacido para jugar!

Graham Daniels and J Stuart Weir

Publicado en ingles por Frampton House Publications 2004


Titulo del original en ingles:
Born to play!
Copyright Graham Daniels and J. Stuart Weir
Publicado mediante acuerdo con:
Frampton House Publications 2004
ISBN del origen ingles 1-904726-15-1
Derechos exclusivos de esta edición en español reservados para toda América
Latina:
Confraternidad Cristiana del Deporte Argentina
Alsina 119, 1642 Buenos Aires
info@ccdconfraternidad.com.ar
Nacido para jugar!
Impreso en la Argentina
Diseño de cubierta e interior:
Grafica Uno Argentina
Prohibida la reproducción total o parcial de este libro sin la debida autorización
del editor.
Para Ray and Annie Petre en cuya casa se ha concebido y escrito gran parte de este libro. Algunas palabras.
Lo primero que nos gustaría aclarar es que lo que esta escrito en esta pagina
no es parte del texto original, pero es necesario incluir algunas palabras que
den reconocimiento al trabajo realizado inicialmente por los autores Graham
Daniels and J Stuart Weir en la preparación de este libro. También mencionar
que estamos comenzando a ver fruto en América Latina mas y mas en la
iglesia sobre lo estratégico que es el deporte para extender el reino de Dios,
por ello este es el momento oportuno de comenzar a formar a la nueva
generación de lideres de ministerio del deporte desde la base, que entiendan
que ya no se puede hacer la tarea solos, es el tiempo de funcionar como un
cuerpo y que la cooperación es fundamental, con lo que este libro puede ser de
gran ayuda
El llegar a poner este libro en sus manos es una muestra practica de lo que es
la cooperación, inicialmente este libro fue publicado en idioma ingles y luego
los autores facilitaron los derechos para que se publique a otros idiomas con lo
que ahora se encuentra ya en francés y español; entendamos que esto no fue
de la noche a la mañana, demando relacionarse, conocerse y de confianza
para decidir hacer este libro en otro idioma.
Ya siendo socios por así decirlo, con un propósito en común, vino la etapa
colaboración entre varios ministerios como MIDEPY en Paraguay, Iglesia
Bautista de San Isidro, Confraternidad Cristiana del Deporte en Argentina y
Stuart en Inglaterra para trabajar en los detalles de este libro, como fueron
traducción, diseño y levantado de fondos para publicarlo, etc sumando mas
gente.
Por ultimo, hemos respetado el contenido del libro al traducirlo a pesar del
deseo de los autores a que se contextualice con estadísticas o historias de
nuestros países, que da muestra de otro elemento en la cooperación como es
la sensibilidad a la cultura.
En Hechos 4:36-37 la Biblia leemos un excelente ejemplo de alguien que
puede ser un socio, facilitador y animador que la iglesia Latinoamérica necesita
adoptar para ser más efectiva en su misión a través del deporte.
Que este libro te recuerde que podemos lograr más trabajando en unidad
que por separado
(Juan 17: 20-23).
En
Los que nos involucramos en cooperación con este proyecto Contenido

Algunas palabras…
1. ¡Es sábado! 2. ¿Le agrada el deporte a Dios? 3. Uno solo en el público 4. Esfuerzo 5. La falta profesional 6. Jugar a la manera de Dios 7. En la línea de ataque 8. EQUIPO. Todos juntos hacen más 9. Todos para uno 10. Uno para todos 11. ¿Lo mato? 12. Amar al árbitro. ¿Lo dices en serio? 13. Hablar con el entrenador 14. Hacer del deporte tu misión Direcciones amigas / Información útil Capítulo 1
¡ES SABADO!
“Dios me hizo con un propósito pero también me hizo rápido, y cuando corro siento que le agrado” Eric Liddell en Carrozas de Fuego Es sábado a la mañana, te despiertas y piensas: “¡Qué bueno! Es sábado y tengo un partido a la tarde”. Estás realmente comprometido con el Señor, amas a tu familia y te gusta tu trabajo, pero el sábado a las tres de la tarde, te sientes vivo de una manera especial. Es lo que más esperas de la semana. Has nacido para jugar. Si te identificas con esto o reconoces este escenario, este libro es para ti. Quizás luchas por entender cómo encuadra tu pasión por el deporte en la vida cristiana. En ningún lugar te sientes tan vivo como dentro de un campo de juego, en medio de un partido. Patear la pelota y hacer un gol es una sensación indescriptible, mucho más grande que cualquier otra experiencia. Muchos de nosotros sentimos que vivimos una doble vida. En el club de rugby somos muy concientes de ser cristianos y nos cuidamos de no hacer trampa, insultar o beber demasiado. ¡Pero en la iglesia la gente muchas veces piensa que estamos más comprometidos con el rugby que con Cristo! Parecieran vidas separadas. Nos resulta fácil ser cristianos los domingos, pero es mucho más difícil serlo un sábado a la tarde. ¿Debemos dejar de jugar? Pero nos encanta hacerlo. El deporte ha sido siempre una parte central de nuestras vidas. Estamos comprometidos con nuestra iglesia local. Vamos a la iglesia con regularidad, ofrendamos y asistimos a nuestros pequeños grupos. Pero nos gusta el deporte y jugamos para el equipo de hockey sobre césped local. Aún así, muchas veces sientes que la gente no está de acuerdo con la cantidad de tiempo que le dedicas al deporte. “Juan realmente necesita ordenar sus prioridades y poner a la iglesia por sobre su propio placer”. A menos que seas un profesional, cuando tienes que faltar a la reunión casera por un partido ocasional a mitad de semana, casi nunca te atreves a decir la razón por la cual no irás. Tú sabes que no eres menos cristiano por hacer deportes. Pero, ¿cómo manejas esta tensión? Este libro habla de esa tensión y te ayuda a responder preguntas como éstas: ¿Hay una visión cristiana del deporte? ¿Son nuestros talentos deportivos de Dios? ¿Se interesa Dios por quién gana o como jugamos? Creemos que es posible ser un cristiano en el mundo del deporte sin ser peor cristiano ni peor atleta. Este libro intenta simplemente mostrar que no hay razón para que no hagas deporte como un cristiano y de una manera cristiana.
Pensamiento
Hay aproximadamente 125.000 clubes deportivos en el Reino Unido. Solo
imagina qué pasaría si hubiera un representante de Jesucristo activo en cada
uno de esos clubes. Comencemos contigo y con tu club.
Reflexión
Si me comprometo a representar a Cristo en mi club. ¿Cómo podría cambiar mi
actitud en el deporte?

Acción
Ora antes de ir a cada partido o entrenamiento para que puedas representar a
Jesucristo efectivamente.
Capítulo 2
¿LE AGRADA EL DEPORTE A DIOS?
“En el principio creó Dios los cielos y la tierra…. Y vio Dios que todo lo que había Una noche de verano de 1995 en Gothenburg, Jonathan Edwards se preparaba para saltar en la final del Campeonato Mundial de salto en largo. Como buen saltador a nivel mundial, Jonathan tenía muchas posibilidades de ganar una medalla y lo que sucedió fue increíble: Ganó la medalla de oro y no solamente eso sino que saltó 18,16 m marcando un nuevo récord mundial. Luego, con su próximo salto, batió su propio récord llegando a los 18,29 m. Como cristiano, Jonathan dio gracias a Dios por ese momento. Pero ¿cómo lo vio Dios? ¿Estaba contento con Jonathan? Entendamos que si quieres saber el punto de vista bíblico del adulterio no es difícil encontrarlo. Dios ha dicho que está mal. En los diez mandamientos lees: “No cometerás adulterio” (Éxodo 20:14). El mismo mensaje se repite varias veces en la Biblia. En cualquier concordancia o diccionario bíblico, podemos encontrar cincuenta versículos que condenan el adulterio. Es un tema claramente establecido. Sin embargo, para conocer el punto de vista de Dios acerca del deporte tenemos que tomar principios bíblicos y aplicarlos al deporte, de la misma manera que necesitamos hacerlo con muchas otras actividades humanas. Génesis es el primer libro de la Biblia y contiene en sus primeros dos capítulos, la magnífica explicación de la creación del mundo. Dios es el Creador de cada cosa en el mundo, y una y otra vez la historia dice que lo que hizo “era bueno”. Estas palabras nos llenan de asombro y nos llevan a adorarle. Si entendemos esto nuestra actitud hacia Dios será transformada. Nos damos cuenta de que debemos adorar en todas las cosas y en todo momento. Un Dios deportista
¿Entonces Dios creó el deporte? La respuesta es sí y no. Por supuesto que Dios no creó el deporte, el hombre lo hizo. No fue Dios quien tomo la pelota en una escuela de rugby e inventó el rugby. La evidencia histórica sugiere que tampoco fue William Webb Ellis pero eso es otra historia. Dios no creó los deportes que jugamos. Sin embargo, fue Dios quien creó al hombre con la habilidad de correr, saltar, patear y atajar. El deporte es simplemente un juego organizado en el que usamos los talentos que Dios nos dio. En la iglesia cristiana, encontramos dos puntos de vista erróneos. En el tiempo de los puritanos desde los siglos dieciséis y diecisiete en adelante, algunos cristianos han desalentado cualquier tipo de contacto con el deporte. Esto surgió porque la actividad misma era percibida como pecaminosa, o porque el pecado estaba asociado a ella. El hecho de que el ambiente deportivo era predominantemente no cristiano, y frecuentemente asociado al alcohol o al juego, así como también a la provocación de un espíritu agresivo y competitivo, era suficiente para convencer a muchos cristianos de alejarse de él. El otro punto equivocado es ver al deporte meramente como una herramienta para evangelizar. Es decir, se considera correcto que un cristiano haga deporte, pero solamente con el propósito de evangelizar. La actividad en sí no tiene ningún valor. Es verdad que el mundo del deporte puede ser un lugar pagano, pero ¿No sucede lo mismo con todos los aspectos de la vida? Como actividad en la que se pueden usar los talentos que Dios nos dio, el deporte es tan valorable y significativo como cualquier otra actividad humana. Aún más, es verdad que dentro del mundo del deporte hay muchas oportunidades para evangelizar, que deberíamos aprovecharlas, pero esa no es nuestra única justificación para hacer deporte. Hacer deportes es una actividad tan legítima como cualquier otra. Pero entonces, ¿Cuál sería la respuesta a la pregunta del comienzo? ¿Se alegra Dios con Jonathan cuando usa su cuerpo para saltar más que cualquier otro? Nuestra respuesta es un ¡Sí! Dios creó a Jonathan y le dio la habilidad de correr y saltar. Dios no lo ama más cuando gana que cuando pierde. Como él mismo dijo: “El hecho de que el cuerpo humano pueda saltar 18,29 m es un testimonio de la grandeza del Dios creador a quien servimos. Pero creo que es más en la manera que tomo el ganar o perder y mi actitud hacia mis compañeros que glorifico a Dios que en la distancia que pueda saltar”. Mientras Jonathan usa sus talentos y su actitud es por sobre todo agradar al Dios que lo creó, entonces Él se alegra en este aspecto particular de su creación. Y por supuesto, el hecho de que usamos un ejemplo de alta categoría no por ello se restringe este principio a atletas famosos, sino que se aplica a todos aquellos que tenemos dones deportivos. Consideraremos esto con mayor profundidad en el próximo capítulo.
Pensamiento
Dios te dio dones para hacer deportes.

Reflexión
¿Por qué la iglesia considera la música como un don de Dios y al deporte no?

Acción
Agradece a Dios por la habilidad deportiva que te ha dado. Sal y úsala para su
gloria.
Capítulo 3
UNO SOLO EN EL PUBLICO
“Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Génesis 1:26 Recuerdo cuando era adolescente haber jugado un partido de rugby, hasta ese momento el más importante de mi vida. Estaba tan nervioso, casi desesperado por jugar bien y ser elegido para la selección. Había muchísimas personas mirando pero, yo sólo miraba a una: mi mamá, quien había venido a verme por primera vez. El hecho de que ella estaba ahí significaba dos cosas especiales para mí. Por una parte, quería agradarle e impresionarla y, por la otra, sabía que aún si me iba muy mal, si fuera el peor juego de mi vida, ella igualmente me abrazaría y me diría: “Alex, eres mi hijo y te amo”. Alex Harris, del Aylesbury Rugby Club. La tensión entre los valores cristianos y los valores del deporte se resumen en esta frase: “Eres tan bueno como tu último juego”. Los jugadores obtienen su identidad por su juego, por ser parte de un equipo y por jugar de tal manera que el entrenador y los espectadores piensen bien de ellos. De esta manera, el jugador que mejor juegue puede caer con facilidad en la arrogancia y así basar su autoestima en su buena actuación. El problema es que aquel jugador que lleva al equipo a la victoria una semana, puede perder los tiros vitales la semana siguiente y perder el partido. ¿Y qué le hace esto a su autoestima? Si tu autoestima se basa en lo que piensa la gente de tu actuación, la vida puede ser algo así como una montaña rusa. Está claro que el jugador cristiano también está inevitablemente atrapado en esto en cierta medida. Nos importa agradar a otros a través de nuestra actuación. Sufrimos los mismos altibajos que el resto del equipo. Pero la Biblia nos enseña que hay un mejor enfoque. Para entender esto tenemos que volver a Génesis 1:26, donde leemos que el hombre y la mujer fueron creados para gobernar por sobre la creación, bajo la autoridad de Dios. “Entonces dijo Dios: hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra”. Génesis 1:26 ¿Alguna vez te preguntaste por qué Dios en los Diez Mandamientos fue tan estricto en prohibir tener imágenes de Él? (Éxodo 20:4) Es sencillamente porque Génesis 1:26 nos enseña que ya hay una imagen de Dios en el mundo: ¡Usted y yo! El segundo mandamiento en Éxodo 20 prohíbe crear cualquier objeto, por ejemplo una estatua, imagen o edificio y hacerlo el lugar donde vamos a agradar-adorar a Dios. Agradar a Dios nuestro Creador no puede limitarse a un tiempo o lugar para estar frente a una estatua o una hora en que la tenemos que entrar a algún lugar. Fuimos hechos a imagen de Dios, debemos gobernar en su nombre sobre toda la creación y a toda hora, 24 horas al día, 7 días a la semana, en cualquier lugar que vayamos y cubre cada segundo de nuestras vidas. Incluye el campo de entrenamiento, el vestuario, jugar en la cancha, la fiesta después del partido o la entrega de premios. Lo que realmente importa en el deporte no es la opinión del público sobre nuestra actuación sino que somos responsables de agradar a Dios en primer lugar y todos los demás después. Así como Alex era más consciente de la presencia de su madre, más que cualquier otro espectador, así también los cristianos debemos jugar para una sola persona en el público. Es para agradar a Dios que nos dio la vida, nos hizo a su imagen para gobernar en su nombre y bajo su autoridad y es quien conoce nuestras motivaciones cuando jugamos. Tenemos que jugar para Uno solo en el público. Un talento
Como jugadores cristianos, cuando reconocemos que nuestra habilidad es un talento que Dios nos dio, más y más vamos a querer usar esos talentos para agradar a Dios, simplemente por quién es “El”, el Creador y Señor del universo y el Dios que nos ama muchísimo. Vamos a querer ofrecerle nuestros talentos y habilidades como un acto de adoración. Significa que vamos a seguir dando el 100 % hasta el final, aún si el partido ya está perdido. Todos sabemos que, como seres humanos débiles, muchas veces nos metemos en problemas y nos desilusionamos, pero con Dios siempre tendremos la oportunidad de un nuevo comienzo. No nos tenemos que sentir avergonzados por ser competitivos y por querer dar lo mejor, siempre y cuando nuestra motivación sea agradar y honrar a Dios en lugar de buscar nuestra propia gloria. ¿Cómo se hace para agradar a Dios? Génesis capítulo dos señala dos principios específicos que se deben aplicar al deporte. El primero es cómo usamos nuestros talentos y el segundo, cómo manejamos nuestras relaciones. Otra manera de expresar este doble aspecto del ser representantes de Dios en la tierra con nuestros talentos y relaciones se encuentra en la síntesis de los Diez Mandamientos que dio Jesús en la “Regla de oro”. En ella, Jesús da a sus discípulos dos mandamientos. Dijo así: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Mateo 22:37 al 39. Vamos a considerar estos dos principios en los próximos capítulos.
Pensamiento
Soy hecho a imagen de Dios. Soy su representante en el club de hockey, en la
cancha, en el banco, en el ómnibus, en el bar, en todo lugar.

Reflexión
¿Existe el peligro de que el deporte se convierta en un ídolo?
¿Cómo podemos poner al deporte en perspectiva?
Acción
Pregúntale a Dios lo que piensa de la manera en que jugaste hoy antes de preguntarte qué piensan otras personas acerca de tu actuación. Capítulo 4
ESFUERZO
“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo “Considero que soy cristiano en todas las áreas de mi vida. Dios me hizo con talentos. Creo que cada vez que marco un gol, estoy usando mi talento de jugar al rugby para servirle a El”. Al Kennedy, de Old Colfeians y Universidad de Cambridge. Cuando pensamos en trabajo o servicio, podemos pensar en el lugar donde pasamos 40 horas semanales para obtener el dinero para vivir. La historia de la creación nos muestra una imagen mucho más grande y rica del trabajo, al revelarnos un Dios que trabaja y quien, como lo explica el Nuevo Testamento, envía a su Hijo al mundo como carpintero. Génesis muestra a Dios en su tarea de crear el mundo en que vivimos. ¡A Dios le gusta el trabajo! Dios le indicó a Adán que usara sus talentos para cuidar el mundo. ¿En qué mundo vives tú? En el mundo del deporte. Génesis 2:15 explica que la primera manera en que podemos agradar a Dios es usando nuestros talentos para trabajar en cuidar el mundo para Él. El Señor tomó al hombre y lo puso en el Jardín del Edén para labrarlo y cuidarlo. Este es el trabajo que Dios nos ha llamado a hacer. Si nuestros talentos deportivos son un don dado por Dios, entonces lo que sigue es que debemos usarlos para agradar a Dios al cuidar esa parte del mundo llamado deporte. Los verbos que se encuentran en el versículo. 15 son “trabajar, cuidar, cultivar”. Junto a Dios, debemos ser creativos en cultivar el mundo. Fuimos hechos a su imagen para representarlo, y para que, a través del uso creativo de nuestros talentos como un acto de adoración, toda la gloria sea para Él. Piensa en las implicancias de esto para el deporte. La campeona de la medalla de oro de natación en las Olimpíadas de Sudáfrica, Penny Heyns, cree lo siguiente: “La natación de alguna manera es mi “aula”, en la que Dios me enseña mucho acerca de su poder y de tener fe en Él. Me encanta la sensación de satisfacción que recibo con el entrenamiento o una carrera, al saber que doy todo de mí para Dios en el mismo momento en que estoy nadando. Es la mejor adoración que le puedo ofrecer. Recuerdo una vez, antes de comenzar una carrera importante, estaba tan cansada que pensé lo siguiente: Voy a nadar y orar al Señor y adorarlo a través de mis talentos, esperando hacer por lo menos la mitad de un tiempo razonable.” El agradar a Dios no está determinado por lo que otras personas dicen acerca de nuestra actuación. De hecho, tampoco se trata de los trofeos que ganemos. Es hacer lo mejor con nuestros talentos y teniendo la actitud correcta lo que agrada a Dios. Al pasar los años he escuchado que a los entrenadores en los clubes de fútbol profesional les preocupa que algún jugador sea cristiano, porque piensan que pierde interés en el juego y como también su aspecto competitivo. Esto se basa en un mal entendimiento del cristianismo. El gran privilegio
El jugador cristiano que realmente entiende lo que significa usar sus talentos para la gloria de Dios, debería ser el jugador más comprometido del club, porque tiene el gran privilegio de hacerlo para el Señor, quien le dio esos talentos. Recuerdo que una vez alguien me explicó que, después de entrenar mucho, finalmente en el partido uno tiene ese momento de genialidad, no es el entrenador, ni tu mamá, ni tus compañeros los primeros en festejar, sino que es Dios, y te dice: “Bien hecho hijo, te di ese talento, y veo lo que has hecho con él”. Dios es la primera persona que festeja cuando jugamos correctamente y bien. Como atletas cristianos, debemos ser personas que den lo mejor en toda circunstancia, cuando se gana, cuando se pierde o cuando se empata. No vamos a renunciar y siempre vamos a tratar de dar la mejor actuación posible. Esto es lo que se requiere para cuidar el mundo del deporte para Dios.
Pensamiento
El cristiano debe ser el jugador que entrene más duro en el club y a la vez el
más modesto.

Reflexión
Si tengo que ser el jugador más comprometido y el que más se esfuerce del
club, ¿cómo hago para encontrar un equilibrio entre las demandas de mi
trabajo, mi familia, la iglesia y el deporte en mi tiempo limitado?

Acción
Esfuérzate en desarrollar tu talento deportivo al mejor nivel posible.
Capítulo 5
LA FALTA PROFESIONAL
“A la mujer dijo: multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol del que te mandé diciendo: no comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida. Espinos y cardos te producirá y comerás plantas del campo. Con el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás”. Génesis La final en el año 2002 de la copa de rugby Heineken había llegado a un clímax. Leicester iba ganando 15-9 en los últimos minutos, pero Munster tuvo un scrum a cinco yardas frente a los postes. Un try desde ahí, que vale siete puntos, haría que Munster ganara. Mientras que el jugador del medio del scrum, Peter Stringer, estaba por poner la pelota en el scrum, el flanker (también llamados Wing, forwards o alas) del Leicester, Neil Back fuera de las reglas le sacó la pelota de la mano y la pateó hacia el lado del scrum del Leicester. El referí no lo vio, la pelota fue pateada y ganó el Leicester. Después del partido Neil Back dijo: “Hice lo que tenía que hacer” Los primeros rebeldes
En Génesis 3 vemos al pecado por primera vez. El pecado entró cuando Adán y Eva decidieron rebelarse contra la autoridad de Dios, acto llamado “la caída”. No estaban satisfechos con ser creados a imagen de Dios, querían más. Querían tener la misma autoridad de Dios, querían estar a cargo. Irónicamente una palabra griega para el pecado es una metáfora deportiva, significa tirar y errar al blanco. Así como los deportistas entendemos el concepto pleno del tiro, los cristianos también entendemos el concepto de no llegar al nivel de los estándares de Dios. La consecuencia de la caída es el juicio. En Génesis 3:14 Dios dice: “Por cuanto esto hiciste…” y continúa describiendo las consecuencias de las acciones de la serpiente, de Adán y de Eva. La consecuencia para nuestras relaciones se describe en Génesis 3:16 “multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti”. Todas nuestras relaciones se rompen al romperse nuestra relación con Dios a través de la rebeldía. Al mismo tiempo Génesis 3: 17 dice: “Espinos y cardos te producirá”. Nuestro trabajo y el uso de nuestros talentos también se rompieron. La Biblia nos dice que la rebeldía de Adán y Eva nos afecta a todos, todos somos pecadores por causa de ellos. Sin embargo, por elección personal perpetuamos el pecado y nos responsabilizamos por nuestros actos. Toda la creación está manchada. Lo que Dios creó para que la humanidad disfrute en trabajo y relaciones, fue arruinado por nuestro egoísmo y actitudes pecaminosas. El pecado arruina todas las cosas. Interfiere en nuestras oraciones y en la lectura de la Biblia. Interfiere en la manera en que usamos nuestra sexualidad, el dinero y la autoridad en la sociedad. Y también, en cómo hacemos deportes. Por eso no debemos sorprendernos cuando vemos al pecado tan extendido en el mundo del deporte como en cualquier otra actividad. En el contexto del deporte de hoy, quizás Neil Back tenía razón al decir que hizo lo que tenía que hacer, lo mismo que habrían hecho muchos otros jugadores. Al comentar el incidente en la radio BBC dos días después, el ex hooker inglés Brian Moore, defendió la actitud, diciendo que Nueva Zelanda, Australia y Sudáfrica juegan de esa manera y que, si Inglaterra quiere ser competitivo a nivel internacional, tiene que jugar bajo esas reglas. El jugador cristiano debe rechazar este punto de vista con respeto. Ganar es importante. Es el propósito del encuentro. No existe la vergüenza en la competencia. Sin embargo el cristiano juega para uno sólo en el público: Dios, quien se interesa más en la actitud y motivación del jugador que en el resultado. Ganar no es suficiente. La evidencia de la rebeldía del hombre se ve claramente a nuestro alrededor, en el mundo del deporte sucede lo mismo que en cualquier otra parte. Existe el engaño, la actitud de ganar a cualquier costo, el soborno a los jueces, o los jugadores que fingen las faltas. El mundo del deporte necesita regresar al camino de Dios y nosotros podemos ser indiferentes o ayudar a redimirlo.
Pensamiento
El deporte ha sido contaminado por el pecado del hombre así como cualquier
otra actividad humana y necesita redención y restauración.

Reflexión
¿Debe un cristiano cometer una falta intencionalmente?

Acción
Levanta tu voz a favor del juego limpio, la honestidad y la integridad en el club.
Capítulo 6
JUGANDO A LA MANERA DE DIOS

Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden a este mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.
Nduka Odizor, quien había llegado a cuartos de final en Wimbledon a principios
de los años 80, estaba a punto de jugar un partido en un torneo en cancha de
pasto en Holanda cuando se dio cuenta de que su oponente estaba
preocupado por algo. "Por casualidad le escuché decir que no había podido
conseguir un par de zapatos para cancha de pasto y por eso se resbalaba
constantemente. Le ofrecí prestarle un par de los míos. Su cara se llenó de
asombro. Probablemente pensaba: “¿cómo podría una persona ser tan
estúpida?” Se notaba en su cara. “Aquí está mi llave del hotel” le dije, “si desea
ir buscarlos o enviar a alguien por ellos”. Cuando nuestro juego comenzó, allí
estaba él, ¡usando mis zapatos!"
Cuando el pecado entró en el mundo, y aún más cuando vino a nuestras vidas,
estropeó todo - incluyendo el deporte y cómo lo practicamos. La buena noticia
es que por medio de la muerte de Jesucristo, el pecado ha sido derrotado. Dios
envió a su Hijo al mundo y Él fue el único que nunca se rebeló contra Dios.
Cuando murió, Él tomó nuestro castigo por el pecado, para librarnos de ese
castigo el día en que Dios juzgue al mundo. Si aceptamos lo que Cristo ha
hecho, podemos estar seguros de la vida eterna en el cielo con Él y, mientras
tanto nuestras vidas serán, gracias a la presencia del Espíritu Santo,
gradualmente, pero nunca absolutamente, restauradas a lo que Dios había
planeado.
Tomando el control
Cuando permitimos que Dios tome el control de nuestras vidas, todas las cosas
dañadas - incluyendo el deporte - comienzan a ser reparadas. Dios comienza a
encargarse de ellas y a trabajar dentro de nosotros. Él comienza a ocuparse y
el Espíritu Santo nos habla a través de la Biblia, nos desafía acerca de las
cosas que no están bien en nuestra vida. Esto se aplica a todo en nuestras
vidas, incluyendo cómo jugamos contra del lateral derecho.
Lee el capítulo 12 de Romanos. Los primeros once capítulos de Romanos
explican lo maravilloso de lo que Dios hizo por nosotros en Cristo. En los
primeros dos versículos de este capítulo Pablo exhorta a los romanos a vivir a
la luz de la misericordia de Dios. "Tomando en cuenta la misericordia de Dios"
implica que la ética del cristiano es la obediencia en gratitud, en respuesta a lo
que Dios hizo por él en Cristo.
Pablo está diciendo que en Cristo Dios nos salvó y restauró Su imagen en
nosotros. Ahora nosotros tenemos el poder de Dios para comenzar a restaurar
el uso de nuestros talentos deportivos para que Él se complazca, y nuestras
forma de relacionarnos para beneficio de nuestros compañeros.
¿A qué se parece este proceso? Pablo, el autor de la carta a los romanos dice:
"les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo
como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios."
¡Un sacrificio vivo! Cuando Pablo escribe acera de un sacrificio vivo, está
escribiendo un oxímoron. Los sacrificios no están vivos. Se les corta la cabeza
o se les clava una estaca. Pablo usa a propósito esta frase aparentemente
ridícula.
Ahora, si eres un deportista, la idea de ofrecer tu cuerpo como un sacrificio
vivo, tiene un significado aún más profundo. Tener un cuerpo es esencial si vas
a hacer deporte. Pero se nos pide que ofrezcamos ese cuerpo como un
sacrificio vivo, ¡un sacrificio que se mueva en el altar! Esto no significa que no
vamos a jugar, sino que debemos jugar como personas que entregaron sus
cuerpos a Jesucristo.
Será difícil. Tendrás que estar realmente batallando todo el tiempo. El pecado
nunca se dará por vencido acerca de nosotros. A veces pensamos que lo
derrotamos. Pensamos, “¡Qué bueno, no he caído en esa tentación por un mes
– ¡genial!”. Y antes de darnos cuenta, ya lo hemos hecho otra vez. ¿De dónde
salió eso?
Cuando estás jugando realmente bien y sabes que todos dirán cuán bueno
eres, ¡qué difícil es no enorgullecerte y sacar el pie del acelerador en los
últimos cinco minutos porque nadie lo notará! Dios lo hará, y Él quiere que le
des a Él todo el tiempo, incluyendo los últimos cinco minutos.
Cuando alguien trate de sacarte de tus casillas, realmente rompiendo las
reglas, yendo más allá de lo aceptable en el deporte, ¿cómo reaccionarás?
¿Cómo manejarás la situación? ¿Cuán santificado serás? ¿Cómo los amarás?
¿Cómo vas a orar con todo tu corazón y mantenerte firme representando a
Jesús y mostrándoles respecto cuando no te están respetando?
Es por estas razones que es un sacrificio vivo. Cualquiera que encuentre muy
fácil aplicar su crecimiento espiritual en su carrera deportiva y no se encuentre
en medio de una lucha, está haciendo algo mal. Si no estás en medio de una
batalla en la vida cristiana hay algo que no anda bien. Probablemente signifique
que no estás activo para Jesucristo.

Pensamiento
Si juego para una audiencia de uno solo, eso es adoración.

Reflexión
¿Cuáles son las situaciones en tu deporte en las que es más difícil no
amoldarse a los estándares de este mundo?

Acción

Reconoce que estás en una batalla espiritual y encuentra gente que ore por ti cuando juegas. Capítulo 7
EN LA LÍNEA DE ATAQUE

Por lo tanto, hermanos, tomando en cuenta la misericordia de Dios, les ruego que cada uno de ustedes, en adoración espiritual, ofrezca su cuerpo como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. No se amolden a este mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta. A partir del momento en que te paras en la línea de ataque para Cristo hay conflictos. Y Pablo dijo que si vas a pertenecerle a Jesús, si tu identidad es restaurada, adelante - ofrece tu cuerpo como un sacrificio vivo, porque esto es santo y complace a Dios. Pablo lo llama tu acto espiritual de adoración. Ahora saquemos de nuestras mentes cualquier idea de que la adoración se limita a cantar canciones o de que la adoración dura una hora cada domingo. Hemos visto en este libro que somos llamados a dar nuestros cuerpos a Dios para agradarle, como un acto de adoración, ¡un estilo de vida 24/7! Ofrecer sus cuerpos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios, éste es su acto espiritual de adoración. Allí es cuando adoras a Dios - cuando le das cada parte de tu mente, cuerpo, tiempo. Todo a Dios, eso es adoración. Pablo también dice "sean transformados". Esta transformación no es algo que el cristiano haga por si mismo, sino que es la obra del Espíritu Santo. Sin embargo, tenemos la responsabilidad de dejarnos transformar, de responder a la guía del Espíritu de Dios. Debemos ser transformados por Dios, no amoldarnos al mundo. Ahora, eso significa representar a Cristo en la cancha. Juegas de acuerdo con los estándares de Dios, no con el estilo de juego que te rodea. No puedes tirarle de la camiseta a alguien porque todos lo hacen. Esa actitud se está amoldando al mundo, no siendo transformada por Dios. Esto es el trabajo de toda una vida. Pero "no se amolden" es algo que necesitamos oír una y otra vez. Debe ser siempre una parte importante del contenido de la exhortación cristiana. Cómo cristianos siempre tenemos que confesar con mucho pesar que nuestra vida se amolda a este mundo hasta puntos dolorosamente importantes. Esto significa jugarte por Jesús en el club porque vives según los estándares de Dios y no te amoldas al mundo. Paul Cox estaba jugando para el equipo de “West Side Church” en la Liga de Kingston y del distrito. Era un juego muy duro con una oposición física tremenda, que estaba poniendo al árbitro bajo presión. “West Side” concedió un corner. Cox estaba al lado del poste. Desde el corner un delantero pateo la pelota dentro del arco, pasando entre Paul y el poste. La pelota golpeó la red, la atravesó y salió directamente a través de un agujero en el costado de la red. El árbitro cobró saque de arco. Paul era uno de los pocos que sabían exactamente lo que había sucedido. Tomó un momento para pensar y decidió decirle al árbitro que la pelota había entrado. Los oponentes estaban asombrados. Paul cuenta la historia: "Después de algunos minutos, el árbitro salió de su asombro y cobró el gol. El equipo contrario completo vino a agradecerme. Mientras regresaba al círculo central, el muchacho a quién había estado marcando se disculpó por todo el abuso anterior. Se detuvieron los cuestionamientos de todas las decisiones. Después del juego, todos vinieron y me agradecieron otra vez. Y de vuelta en el vestuario algunos me agradecieron otra vez". Transformado, no amoldado. Por supuesto, los compañeros de Paul pueden no haber estado felices con esto pero él jugaba para una audiencia de uno - Dios - e hizo lo que pensaba que era lo correcto. Ahora que tú estás restaurado, ve y ama a la gente, aún a tus enemigos, aún al lateral derecho que te patea. Si se nos han dado los talentos para jugar, ¿qué mejor opción tenemos? Si hemos sido llenos del Espíritu Santo, creceremos en la situación. No va a ser fácil. Vas a estar exigido físicamente, mentalmente, emocionalmente y espiritualmente cuando hagas deporte. ¿Vas a perder los estribos? ¿Vas a ser grosero o devolver el golpe a alguien? La manera en que te comportes en la cancha hará un impacto. Cuando la gente mire al jugador cristiano, estará pensando, "Él pierde con dignidad. Él da todo lo que tiene. Cuando perdemos él está destrozado pero siempre tiene un sentido de lo que es justo". O cuando disuelvas una pelea o te niegues a devolver el golpe, tus compañeros de equipo lo notarán. Quizás en un juego aislado la gente puede decir, "A él no le importa, fue muy correcto con nuestros contrarios cuando íbamos perdiendo". Pero después de uno o dos años, la gente se dará cuenta. Ellos sabrán que tú quieres ganar. Quieres maximizar tu talento. Quieres se tan bueno como puedas. Pero si no te va bien en ese día en particular, pierde de una manera digna. ¿Cómo comenzaría a ser un deportista cristiano si tuviera la determinación de perseverar hasta el máximo de sus fuerzas mentales, independientemente de lo que le hagan? Si algo sale mal, dices “Cometí un error, pero seguiré adelante”. Si alguien te golpea tú dices, “No voy a dejar que me saque de mis casillas. No voy a perder el control. No voy a hacer trampa. Voy a vencer, al ser aún más fuerte". Físicamente, mentalmente y espiritualmente vamos a jugar y competir, y dar todo lo que tenemos. Nuestra primera reacción podría ser decir, "No es posible". Hay cuestiones sutiles en el estilo de los diferentes deportes. Tienes que descifrarlo en tu propia disciplina deportiva. ¿Cómo es un jugador cristiano? Siempre da todo lo que tiene, y respeta a su
oponente. En el mejor de los casos, gana con tremenda humildad. Y pierde con
gran dignidad.
Pensamiento
Gana con humildad; pierde con dignidad.
Reflexión
Si hubieras sido compañero de equipo de Paul Cox, ¿habrías estado contento
con sus acciones que le costaron al equipo un gol?
Acción
Piensa en la manera de ser diferente en la cancha. ¡Y hazlo!
Capítulo 8
EQUIPO
(Juntos, todos logramos más)

Luego Dios el Señor dijo: No es bueno que el hombre esté solo. Voy a hacerle una
Era la última carrera de trineo de dos personas en los Juegos Olímpicos de
Invierno de 1964.
Eugenio Monte de Italia, el actual campeón mundial y el equipo británico
formado por Robin Dixon y Tony Nash estaban cuello a cuello. Entonces el
desastre. La pareja británica descubrió que el perno principal que sostenía el
eje trasero en su lugar se había partido por la mitad. No habría tiempo de
reemplazarlo. Era el final para el equipo británico.
Monte, al escuchar lo que les había sucedido a los británicos, quitó el perno de
su propio trineo después de su segunda carrera, para ponerlo en el trineo
británico. Los británicos ganaron la medalla de oro.
Monte comentó acerca del incidente más tarde, “Mi acción fue muy normal para
un deportista. Tratas de ayudar a los otros para que tengan las mismas
condiciones que tú.”
¿Cómo hacemos para amar a las personas en el mundo tan duro y competitivo
del deporte? ¿Es acaso posible?
Agradando a Dios
¿Cómo es agradar a Dios cuando hacemos deporte? El capítulo dos del libro
de Génesis, señala dos principios muy específicos, que debemos aplicar.
Hemos visto que el primero es cómo utilizamos nuestros talentos; el segundo
es un principio complementario, acerca de cómo desarrollamos nuestras
relaciones. Consideraremos cómo agradar a Dios en nuestras relaciones en los
siguientes cuatro capítulos.
Génesis 1:26 deja en claro que fuimos creados por un Dios relacional:
Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza.
Aprendemos de la Biblia que Dios es trino: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
¿Alguna vez se te ocurrió pensar que Dios nunca estuvo solo? Dios es un Dios
relacional y amoroso. La humanidad fue hecha a Su imagen y, por lo tanto, fue
hecha para vivir en un contexto de relaciones.
Ésta es la razón por la cual “no es bueno" que el hombre esté "solo”.
Necesitamos ser amados y amar.
El Señor Dios dijo, "No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea
para él." Génesis 2:18.
El contexto de Génesis 2 es el matrimonio de un hombre con una mujer, la más
fundamental de las relaciones de amor. Sin embargo, el principio de que
necesitamos relaciones útiles y sanas se extiende a todos los escenarios
humanos, desde aquellas entre la familia y amigos, extendiéndose también a
aquellas en el campo de deportes. Debemos demostrar y proclamar la imagen
y la presencia de Dios en todo lo que hacemos. Para nosotros los deportistas,
eso debe incluir nuestro deporte.
Amar a tu prójimo como a ti mismo y tratar a otros como querrías que te traten
a ti en el calor de la competencia deportiva es un concepto radical. En los
siguientes cuatro capítulos veremos cómo aplicar una actitud de amor hacia
nuestros prójimos, nuestros compañeros de equipo, nuestros oponentes y las
autoridades.
Pensamiento
Cuando Jesús les dijo a sus seguidores que amaran a sus enemigos, fue un
concepto verdaderamente radical. Aplicar el mandato de Jesús de amar a
nuestro prójimo deportista no será fácil.
Reflexión
Si Eugenio Monte no hubiese ofrecido su perno al equipo británico, ¿podría
alguien haberlo culpado? ¿Qué hubieras hecho tú en su lugar?
Acción
Pregúntate regularmente mientras compites: “¿Estoy construyendo buenas
relaciones jugando como lo estoy haciendo en este momento?”
Capítulo 9
TODOS PARA UNO


Un estudiante de la Universidad de Edimburgo era miembro titular del equipo
principal de rugby, pero fue reemplazado. Justo antes del siguiente partido el
árbitro dijo que el jugador que habría de tomar su lugar tenía tapones ilegales
en su calzado. Entonces éste preguntó si alguien tenía tapones de repuesto.
Resultó que el jugador que habían sacado del equipo tenía tapones de
repuesto en su bolso. Vaciló por un momento sabiendo que si guardaba
silencio - y nadie más sabía que él tenía tapones de repuesto - lo más probable
era que recuperara su lugar. Luego dijo, “Yo tengo tapones de repuesto” y los
entregó.
Pregúntale a un deportista retirado qué es lo que más extraña de sus días de
jugador y seguramente la respuesta será las bromas, la camaradería. Ser parte
de un equipo por un período de varios años, compartir los éxitos y los fracasos
crea un lazo entre las personas como pocas cosas lo hacen. Se está muy
fuertemente unido debido a la inmediatez de la victoria y la derrota. Se aprende
rápidamente a ser honestos unos con otros porque la competencia así lo
demanda. Se aprende a criticarse y a elogiarse unos a otros mucho más a
menudo que en la vida cotidiana.
Espíritu de equipo
El sentimiento de equipo entre los jugadores es una experiencia única. Para
muchas personas las amistades más duraderas y cercanas de sus vidas
comenzaron en los campos de deporte.
Sin embargo, el otro lado de la moneda es la competencia dentro del equipo.
Tú y tu mejor compañero pueden estar compitiendo por ser el arquero principal.
Cada semana uno de ustedes se sentirá desilusionado.
Si estás en el banco, una parte tuya quisiera que tu equipo anote y gane. La
otra parte no puede evitar pensar que si el equipo contrario anota, aumenta tu
posibilidad de entrar en el juego. ¿Puedes genuinamente desearle "todo lo
mejor" al jugador que juega en tu posición, antes de que salga al campo? ¿Si
se lesiona sientes compasión o sólo se trata de conseguir una oportunidad para
jugar?
Jesús dijo: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Mateo 22:39
¿Cómo puedes amar a tu compañero de equipo si ha ocupado tu lugar en la
final del torneo? Amar a tus compañeros de equipo puede ser difícil.
Sin embargo, como deportistas, nuestro equipo es el lugar natural para modelar
lo que hemos aprendido en la comunidad cristiana. Nuestra labor en el equipo
debería ser traer las cualidades de Cristo al equipo.
Cuando somos llamados a “amar a nuestro compañero de equipo como a
nosotros mismos”, uno de los aspectos involucrados es el servicio. Debemos
usar nuestras habilidades al máximo como un acto de adoración al Dios que
nos las dio y en servicio a nuestros "prójimos" en el equipo. No deberíamos
centrarnos en nuestras necesidades como resultado de nuestro desempeño en
el partido.
Por el contrario, habiendo dado lo mejor de mi capacidad en la cancha para la
gloria del Dios, el resultado es que al amar a mis compañeros como a mí
mismo, siempre me esforzaré por alegrarme cuando mi equipo se alegre y
llorar cuando mi equipo llore, antes que instintivamente considerar los
beneficios de mi desempeño - o del fracaso de otro - para mi propia reputación.
¡Esto muchas veces es probado en la adversidad!
Si tu equipo pierde un gran partido hay varias maneras en las que puedes
enfrentar la situación. Al entrar en el vestuario percibes la enorme decepción
que tú y tus compañeros de equipo sienten. La reacción natural sería hacer
pucheros y enojarse, ir a un rincón del vestuario y sentarte solo.
Puedes incluso intentar desviar la responsabilidad hacia otro "si Maria no
hubiera fallado ese tackle yo no me habría encontrado en esa difícil situación.
Si Sandra no hubiera cometido esa falta. ". Tratamos de echar la culpa a
algún otro. ¡No! Hazte dos preguntas: ¿Le di a Dios lo mejor de mí,
independientemente del resultado? ¿Puedo apoyar a mis compañeros en este
momento? ¡Deja de enfocarte en lo que ellos piensan de ti y comienza a pensar
en cómo puedes apoyarlos!
Eso es amar a tu compañero de equipo como a ti mismo. Podría reducirse a
preguntarse a uno mismo en el campo de juego: "¿Estoy más preocupado por
mi bienestar que el de mis colegas en este momento?" Cuando se presenta
esa situación, centrarse primero en las necesidades del equipo es actuar a la
manera de Dios en el deporte.
Pensamiento
Algunos de tus compañeros de equipo serán tus amigos de por vida. Estarán
juntos por un buen tiempo.
Reflexión
¿Cuándo es más difícil amar a tus compañeros?
Acción
Sé el héroe no reconocido en tu equipo, la persona que, de una manera
inadvertida, hace todos los trabajos triviales pero vitales.
Capítulo 10
UNO PARA TODOS

Aborrezcan el mal; aférrense al bien. Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu. Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración. Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad. Amar a tus compañeros de equipo implica cumplir tus responsabilidades hacia ellos. A Brian Irvine le hubiera encantado haber terminado su carrera en fútbol profesional sin recibir ni una tarjeta roja. Una situación en un juego del Condado de Ross lo puso en una posición difícil que involucraba sacrificar su propia reputación por el bien del equipo. “Estaba haciendo un tackle a un jugador en una situación. Yo era el último jugador. Si lo hubiera hecho correctamente habría salvado a mi equipo de un gol y hubiéramos mantenido el nivel del equipo. Al hacerlo perdí la pelota y le pegué al jugador contrario. No sólo concedí un penal que resultó en gol del otro equipo y en su victoria final 1-0. También yo era el último hombre antes del arco, así que recibí una tarjeta roja. Yo sabía que había hecho la jugada con la intención correcta. Es más, tuve que hacerla, porque no hacerla hubiera significado decepcionar a mis compañeros si sabía que podía realmente ganar la pelota" Por supuesto, amar a tu compañero de equipo debe tener consecuencias más amplias que lo que pasa durante el juego. Romanos 12:10-13 es una explicación de cómo el convertirte en cristiano afectará tu amor por otros que pertenecen a Cristo. “Ámense los unos a los otros con amor fraternal, respetándose y honrándose mutuamente. Nunca dejen de ser diligentes; antes bien, sirvan al Señor con el fervor que da el Espíritu. Alégrense en la esperanza, muestren paciencia en el sufrimiento, perseveren en la oración. Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad”. Romanos 12:10-13 Una vez aprendido esto en el seno de la comunidad cristiana, el siguiente paso es cuidar el mundo del deporte siendo modelo de esta forma de amor en la comunidad deportiva. Si alguna vez hubo un lugar en el cual invertir tiempo es tu club deportivo, donde la comunidad puede ser fácilmente nutrida y la fe de un deportista cristiano puede ser traducida a todas las relaciones cotidianas al jugar porque ha comenzado a ganarse el derecho por la forma en la que juega. Pero hay un costo. Tiene que ser intencional. Debes estructurar tu vida alrededor de representarlo a Él aquí y de esta manera. Significa darle a mi deporte una alta prioridad en mi vida en términos de
compromiso de tiempo, de energía, de dinero. No implica solamente aparecer
para jugar sino dedicar tiempo, construyendo amistades deliberadamente,
haciendo llamados telefónicos, yendo a eventos sociales, haciendo aquellas
cosas extra para mostrar que lo tomas en serio.
Puede significar ser el último en irse del bar luego del juego. Esto es, estar en
el bar tomando una cerveza, un jugo de naranja o un café, estar ahí para
hablar, para llegar a conocer a la gente. Fíjate cuando alguien baje la mirada y
pregúntale si algo no está bien. Interésate.
No te sientas culpable por invertir tiempo en el deporte. Puedes pensar que el
deporte está bien pero no es tan importante. Eso significa que puedo jugar
siempre y cuando me vaya rápido y llegue a otra reunión. Eso no funcionará.
¡Haz del deporte tu misión! Representa a Dios al construir relaciones con
aquellos con los que inviertes tanto tiempo de tu vida, muchos de los cuales no
saben nada acerca de lo que Dios ha hecho por nosotros en Jesucristo.
¡Conocerte puede ayudarles a descubrirlo!
Pensamiento
¡Qué bueno es tener un miembro del equipo que está totalmente comprometido
con sus compañeros!
Reflexión
¿Está bien que un cristiano cometa una falta deliberadamente?
Acción
Prioriza tu tiempo para pasar tiempo con tus compañeros de equipo.
Capítulo 11
¡MÁTALO!

Bendigan a quienes los persigan; bendigan y no maldigan. Alégrense con los que están alegres; lloren con los que lloran. Vivan en armonía los unos con los otros. No sean arrogantes, sino háganse solidarios con los humildes. No se crean los únicos que saben. No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos. "Recuerdo cuando vine a Inglaterra por primera vez para jugar para el Wigan, solía salir muy golpeado. Mi esposa puede dar testimonio de que solía volver a casa cada semana con un ojo negro, cortes en la cara y moretones en el cuerpo, hechos deliberadamente" "Clamé al Señor, "¿qué hago, me desquito?" Pero Él me dijo, "No, No, No", sólo mantente enfocado y yo me encargaré de todo." Los muchachos que siempre me golpeaban al principio, son los mismos que hoy se me acercan y me dan la mano. Ahora me agradecen por el partido y me dicen, "Bien jugado". Va'aiga Tuigamala Dos cosas nos confunden cuando consideramos el resumen de Jesús de lo que es la conducta santa en el campo de deportes cuando se trata de amar a nuestro oponente - nuestro entendimiento de "amor" y nuestra imagen mental de "oponente". Muchas veces en deporte se entrena pensando en el oponente como el enemigo. No se te considera competitivo a menos que insultes al equipo contrario constantemente. ¡Pero espera! Necesitamos un oponente. Si te has levantado para jugar un partido, sólo para que el equipo contrario no pueda reunir los suficientes jugadores o no hayan podido llegar por problemas de tráfico, sientes una decepción muy grande. Es bastante simple - ¡si no hay oposición, no hay juego! Para llevarlo un poco más allá, necesitamos un oponente del mismo nivel que el nuestro, para realmente disfrutar nuestro propio desempeño. Ganar un partido de hockey 10-0 es divertido la primera vez. Ganar 10-0 todas las semanas pronto se volverá aburrido. Necesitamos un oponente de un nivel apropiado. Las personas a menudo piensan que el amor es algo suave, o sea que no podemos amar y competir al mismo tiempo. Si amo a mi oponente, ¿no significa eso que debo dejarle anotar? El deporte se sustenta en las comparaciones. Definimos nuestro propio nivel de desempeño comparándolo con el de nuestro oponente. Necesitamos esa competencia para desarrollar los talentos que Dios nos dio. Si estuvieras sólo en una isla desierta - una isla con un centro deportivo de la mejor calidad - sería muy frustrante. ¿Cuál es el sentido de una cancha, una pelota y una raqueta de tenis, si no hay nadie contra quien competir? En el deporte necesitamos un oponente.

¿Oponente o enemigo?

Si vemos a nuestro oponente, no como nuestro enemigo sino como nuestro
prójimo, aún más, como un prójimo a quien Jesús nos dice que amemos como
a nosotros mismos, ciertamente nuestra actitud hacia él será transformada.
Tratamos a nuestro oponente de la manera en que nosotros queremos que nos
traten: con respeto. Queremos un juego justo. Queremos una buena
competencia. Queremos que nuestro oponente nos fuerce a dar lo mejor de
nosotros. A menudo las personas piensan que amar y competir se excluyen
mutuamente, ¡pero en este escenario el amor debe ser competitivo!
Con esa comprensión, quizás la manera de amar a mi prójimo será darle el
golpe más duro que mi cuerpo puede producir - de una forma justa y
respetando las reglas. Haciendo esto estoy obligándole a ser un jugador tan
bueno como puede ser.
De la misma manera necesito que mi oponente me marque cuando tengo la
pelota y que ponga en práctica la estrategia más brillante para que yo tenga
que sacar mis dones y usarlos al máximo de mi habilidad contra él. Eso es
amar a mi oponente en el calor de la competencia.
Es esperar lo mejor de tu oponente, para lograr lo mejor de ti mismo. Es jugar
duro pero sin buscar una ventaja injusta.
Es por eso que puedo amar a mi prójimo como a mí mismo en el deporte,
porque entiendo el deseo de Dios de que lo agrademos con nuestras
habilidades y de que nos ayudemos unos a otros a hacer lo mismo.
Por supuesto que es difícil hacer un impacto en un partido. Pero si juegas en
una liga, después de algunas temporadas comenzarás a conocer oponentes.
Ellos te respetarán como un oponente duro pero justo, que no trata de sacar
una ventaja injusta cuando el árbitro no puede ver. A medida que pasen las
temporadas y tomes tiempo para socializar luego de los juegos, ellos
descubrirán que es tu fe en Cristo lo que te motiva a ser el oponente de tan
buena calidad que eres, tanto en el uso de tus talentos como en la forma en
que juegas.
Todos sabemos que como débiles humanos, vamos a fallar regularmente y
defraudarnos a nosotros mismos, pero con Dios siempre tenemos la
oportunidad de un nuevo comienzo.
Pensamiento
Si no puedo amar a mi oponente como a mí mismo, no puedo hacer deporte
para la gloria de Dios.
Reflexión
¿Quieres que tu oponente juegue bien o mal?
Acción
Ten una buena charla con tu oponente y trata de llegar a conocerlo después del partido. Capítulo 12
AMAR AL ÁRBITRO - ¡NO PUEDES ESTAR HABLANDO EN SERIO!

Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. ¿Cuál es la actitud del cristiano con respecto a los árbitros? ¡Se ha dicho que la única referencia bíblica acerca del árbitro es "el hombre que nació ciego"! Como la Biblia no ofrece ninguna aplicación directa a los árbitros, necesitamos encontrar principios bíblicos relevantes. Todos deben someterse a las autoridades públicas, pues no hay autoridad que Dios no haya dispuesto, así que las que existen fueron establecidas por él. Romanos 13:1 Esto se refiere principalmente a los gobernantes políticos pero puede aplicarse perfectamente a los árbitros, ya que han sido puestos en un lugar de autoridad sobre nosotros durante el juego. Además, si vamos a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos, es difícil pensar que se puede excluir a los árbitros. ¿Quiere decir esto que los cristianos deben ser jugadores que nunca cuestionen al árbitro? Como notamos anteriormente, es importante entender qué es el amor. Amar al árbitro no significa decir, "Buen juego árbitro", cuando ha tenido una actuación pobre. Nuestro objetivo es ayudarles a ser tan buenos como ellos pueden llegar a ser. Quizás puedes decir algo como, "Gracias árbitro… controló bastante bien el juego pero, ¿podría explicarme por qué concedió ese penal?" "Como árbitro de Liga de Fútbol durante muchos años, a menudo lidié con partidos importantes y tomé decisiones con las que no todos estaban de acuerdo. Siempre aprecié la manera en que algunos entrenadores trataban las controversias. Por ejemplo, cualquiera hubiera sido el resultado, Brian Clough y Bobby Robson siempre venían a mi vestuario después de un juego para agradecerme." Bob Hamer, Árbitro del Fútbol, Gavin Peacock jugó al fútbol profesional siendo cristiano durante casi quince años. Se encontró con muchos árbitros en su tiempo. Tiene claro dónde están los límites: "Creo que está bien protestar ante el árbitro pero sólo mientras no se le falte el respeto. El fútbol es en parte una competencia mental y tratar de asegurarse de que el árbitro esté alerta a cualquier cosa con la que la oposición esté tratando de sacar una ventaja injusta es parte de esa competencia". Si sientes que los árbitros están siendo intimidados (e influenciados en sus decisiones) por los jugadores o el entrenador contrarios, es correcto mencionarlo respetuosamente al árbitro. No lo es el intentar balancear la situación con más intimidación. Como capitán del equipo, al principio de un
juego que temes que puede convertirse en una batalla física agresiva, puede
ser útil animar al árbitro a no tener miedo de tomar una decisión difícil cuando
sea necesario.
¿Está bien o mal?
Cuando una decisión te perjudica, cuando sientes que no has hecho nada,
¿cómo reaccionas? Obviamente tu juicio estará un poco sesgado y tendrás que
tener eso en cuenta en ese momento y también luego, cuando medites acerca
de lo que sucedió. Si no muestras ninguna reacción, al árbitro podría parecerle
que estás aceptando que cometiste una falta, y mereces una sanción, cuando
en realidad crees que no fue así. Discutir es inútil porque el árbitro nunca
cambiará de idea. Una protesta respetuosa es quizás la mejor respuesta.
En muchas disciplinas, no estar de acuerdo con el árbitro es un gran problema.
Cuando ocurre un incidente en un juego hay un momento en el que se puede
apelar al árbitro por su decisión. "Nuestra pelota", "Ella estaba tirando de mi
camiseta". Esta oportunidad dura sólo uno o dos segundos.
La disensión tiene lugar después de que el árbitro ha tomado la decisión. Es
negativa la respuesta - "¿está ciego?", "no puede estar hablando en serio".
Esto es diferente de pedir una razón para haber tomado la decisión o incluso
aceptar la decisión pero señalando al árbitro, en un tono respetuoso y tranquilo,
que algo no está bien.
Yo sugeriría que para el jugador cristiano, apelar ante una decisión es
perfectamente aceptable, pero disentir y discutir es "cruzar el límite". La
sociedad hoy en día acepta la disensión como parte de la vida y el deporte,
pero ésta es un área en la que el deportista cristiano puede ser diferente.
Recuerda que los árbitros son sólo seres humanos. Ellos tienen partidos
buenos y partidos malos ¡igual qué tú!
Pensamiento
Mi actitud hacia las autoridades debería ser: ¿cómo puedo ayudar a los árbitros
a mantener un juego justo? antes que ¿cómo puedo salirme con la mía?
Reflexión
¿Qué le dices al árbitro cuando termina el juego cuando él tuvo una terrible
actuación?
Acción
Toma un tiempo para agradecer al árbitro y llegar a conocerlo.
Capítulo 13
HABLA CON EL ENTRENADOR

Como deportistas cristianos creemos que, no sólo podemos, sino que debemos orar por el mundo del deporte. Pero, ¿cómo debemos orar por el mundo de los deportes? Primero dejemos en claro cómo no deberíamos orar. No deberíamos orar de una manera egoísta, “Señor, haz que mi equipo gane” o “Señor, haz que yo convierta el gol de la victoria”. • Nuestra primera oración debería ser de agradecimiento. Como personas que amamos el deporte podemos agradecer a Dios por nuestro cuerpo, que nos permite competir. Podemos dar gracias a Dios por los talentos para poder practicarlo. Ora por tu participación en el club, para que puedas jugar bien y usar tus capacidades al máximo y de una manera justa para la gloria de Dios. Ora para que tu actitud sea irreprochable. A pesar de que reconocer que el entrenador es importante y tus compañeros son importantes, en última instancia estás jugando para un público de una sola persona. Ora por el juego, por el capitán del equipo y las autoridades del club. Ora por los árbitros - ¡para que el Señor abra sus ojos! Ora para que puedas manejar bien tanto el éxito como el fracaso - no poniendo mala cara si pierdes, juegas mal o te sacan de la cancha; sin orgullo si juegas bien pero sí con el valor necesario para decir algo como: Gracias, pero ustedes saben que como cristiano, yo creo que Dios me dio los talentos que tengo y me hizo capaz de jugar así, es por eso que no merezco sus elogios Ora para que tus compañeros y oponentes vean por la forma en que juegas que sirves a Dios y vives conforme a sus principios. Ora por tus compañeros – en general o por alguno en particular que Dios puso en tu corazón y con quien has podido compartir tu fe. Si una semana fallas y pierdes la calma en la cancha, compártelo con el grupo y permíteles que oren por ti. Es más fácil cuando tienes un pequeño grupo para apoyarte, que se comprometen a orar por ti y por aquellos con quienes estás compartiendo tu fe. Un grupo como éste te animará pero también te desafiará porque te esforzarás más si tienes que contarles cómo ha estado tu testimonio
la última semana.
Pídele al Espíritu Santo que haga de ti un brillante compañero, un brillante
entrenador, un brillante fisioterapeuta o secretario del club, ¡y sal a jugar!
¡Naciste para eso!
Pensamiento
Algunos sociólogos describen a los estadios como las catedrales del hombre
moderno. En el sentido más verdadero de la palabra, nuestro club puede ser
nuestra catedral, un lugar a donde vamos a adorar a Dios.
Reflexión
¿Por qué puede ser que la gente piense que no se puede orar acerca del
deporte?
Acción
Ora antes de cada visita a tu club para que Dios te ayude a representar a Cristo
efectivamente. Ora para que Dios te capacite para mostrar amor por todos
aquellos con quienes tengas contacto durante un juego o entrenamiento.
Capítulo 14
¡HAZ DEL DEPORTE TU MISION!

En las últimas páginas hemos explorado la realidad de por qué y cómo
podemos involucrarnos en el deporte y al mismo tiempo ser cristianos. ¿Y
ahora qué?
¿Eres capaz de jugar, entrenar o arbitrar? ¿Amas a Cristo? Entonces puedes
marcar una diferencia si buscas mantenerte firme para Jesús con las
habilidades que Él te dio y en el ambiente en el que te encuentras. ¿Cómo?
El apóstol Pablo escribió a los cristianos de Colosas celebrando que Dios “nos
libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al reino de su amado Hijo, en
quien tenemos redención, el perdón de pecados”. Ésta es una gran verdad
también para nosotros si sabemos que Jesús es el líder de nuestras vidas.
Pablo está ansioso de que ahora vayan y representen a Cristo en el mundo a
su alrededor. Él resume esto en el capítulo 4:2-6, diciendo….
Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento (v. 2)
Orar para que los corazones de nuestros compañeros sean encendidos por
Cristo. ¿Te comprometerás a orar diariamente por tres de tus compañeros
durante esta temporada?
Juega de una manera que honre a Dios dentro y fuera de la cancha. ¿Dónde,
específicamente, puedes representar mejor a Cristo en tu conducta la próxima
vez que estés con tu equipo?
Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al
máximo cada momento oportuno (v. 5)
Dí algo acerca de las buenas nuevas de Jesucristo. ¿Hay alguna oportunidad
para compartir algo sobre tu fe en el siguiente entrenamiento?
Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo
responder a cada uno (v. 6)
No sólo puedes jugar para Cristo, sino que puedes hacer del deporte tu misión.
Puedes hacer la diferencia orando, jugando y hablando por Cristo en tu club.
Direcciones amigas / Información útil para apoyar en ministerio del deporte en las diferentes regiones de América Latina: El Salvador Ministerio: Ministerio Deportivo Más Que Vencedores Residencial Contexa acceso 3 block J casa N.7 Santa Ana Teléfono (Código país, área y número): (503) 2448-0868 Correo electrónico: Fundación venezolana de atletas cristianos FVAC Calle subida San Julian, residencias santher I C-9, Caraballeda estado Vargas Teléfono (Código país, área y número): (58) 2128147214 Correo elec Ecuador Ministerio: Av. LA PRENSA 69-21 y RAMON CHIRIBOGA Sector NORTE DE QUITO Teléfono (Código país, área y número): (593) 02 2598059 Correo electrónico: MIDEPY – Ministerio Deportivo en Paraguay Libertad y Aztecas, Barrio San Miguel, ciudad de San Lorenzo Teléfono (Código país, área y número): (595) 21 682672 Correo electrónico:
Argentina:
Ministerio:
Alsina 119, San Isidro (1642) Buenos Aires Teléfono (Código país, área y número): (54) 11 47431269 Correo electrónico: Caixa Postal 55011 - São Paulo - SP - 04733-970 Teléfono (Código país, área y número): (55) 11 5545-4415 Correo electrónico:
Organizaciones
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Teléfono: 951-929-6844
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Teléfono: (305)702-1815.
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